martes, noviembre 29, 2016
Espejo Mágico
martes, noviembre 08, 2016
Leche
Música Underground
Uno de ellos recorría la línea 1 muy de mañana con una guitarra eléctrica y un micrófono que alteraba tanto su voz como la calma matinal del vagón. Este hombre tocaba una sola canción, hablar de repertorio sería exagerado. La primera vez que lo escuché reconocí los acordes de una canción que no atinaba a acertar. El hombre se empleaba a fondo en su entonación, con afán de concurso televisivo, y acompañaba la melodía con punteos virtuosamente exagerados, que son los que aflojan los monederos. Cantaba en inglés con voz engolada y con un acento latino que, de tanto que se empeñaba en ocultarlo, ponía muy de manifiesto. Luego recordé que había oído esa canción, Father and Son de Cat Stevens, por primera vez en un disco de Francis Dunnery, un visionario que acabó entregado a la práctica de la astrología. La versión de Dunnery era sobria y elegante y me gusta más que otras, acaso porque fue la primera que escuché. La original es meliflua y me aburre como casi todo en Cat Stevens. La adaptación que este hombre interpretaba en el metro me estaba sacando sin remedio de mis casillas. Aún así, reconociendo su impetuosa entrega eché unas monedas al cepillo.
martes, octubre 18, 2016
Mi tío Mamerto
Así que, cuando hace unas semanas volví a verlo, se me ocurrió que tenía que hacerle una foto para refrendar que yo no voy por ahí inventándome a mis tíos. Lo más complicado era encontrar el momento adecuado y hacerlo sin que nadie se percatase. Estábamos en el velatorio de Manuel, otro de mis tíos que en paz descanse,y no podía ir por ahí con mi teléfono apuntando con descaro al personal. Mamerto se movía de un lado para otro, sin descanso, saludando efusivamente y dando muchas opiniones peregrinas. La sala del tanatorio estaba abarrotada por mucho primo y mucha prima, y yo arrastraba los pies en esa atmósfera luctuosa, y sentía mucha pena por ver cómo se marchan aquéllos a los que más queremos. Este dolor, que me venía de natural y cuya intensidad quería atesorar para mi catálogo de experiencias abrumadoras, se interrumpía a menudo por la impaciencia de fotografiar a mi tío. Entre apretones de manos y besos a parientes lejanos desconocidos, entre palabras de consuelo con el gesto contraído y otros menesteres propios de un funeral, me hallaba sacando el móvil del bolsillo y ensayando el disparo de reojo.
domingo, abril 17, 2016
1459 días
Casi a diario pienso que mi vida tendría más sentido si me pusiera a hacerlo.
Y prácticamente todos los días pienso que no hay demasiado sentido en lo que hago.
No quería dejar que llegasen a cumplirse esos cuatro años (mil cuatrocientos sesenta y un días) sin haber añadido una sola palabra a este blog, que en algún momento fue motivo de un orgullo relativo.
Voy a volver. No sé si lo reflejaré aquí o si lo mantendré en privado.
Escribir es el objetivo.
Y luego el resto.
miércoles, abril 18, 2012
Las Razones Reales
miércoles, abril 04, 2012
El Sabor de las Palabras
martes, marzo 06, 2012
De Cráneos y Corbatas
jueves, enero 12, 2012
Relato Perdedor
Entiéndase que yo nunca había contemplado la idea de asistir a un festival de música popular y contemporánea, donde adivino una multitud agitada y bulliciosa, un tumulto de jóvenes enardecidos por el alcohol. Me imaginaba yo molido a codazos, pisoteado, ensordecido y extenuado por mi imposible batalla contra un entorno de vehemencia primitiva. ¡Un mono! Un mono aparecía en carteles y cuartillas, un mono coronando un cartel lleno de promesas hueras de diversión, nombres impronunciables de bandas internacionales, charlas de vaya usted a saber quién sobre temas oscuros que no era capaz de entender... Un mono, un bicho sucio, irracional y piojoso que sin duda venía a confirmar los presentimientos más ominosos que me asaltaban sobre el certamen.
Tres días en un pueblo costero, a su vez, no parecen un suplicio tan dramático. El clima marítimo de la costa gaditana puede calmar el espíritu del oficinista comprometido, a pesar del salitre y la obsesión por los pescados fritos. Y eso que alejarme de mis rutinas es siempre traicionar a un protocolo de evasión de fin de semana refinado durante años y que nunca incluye desplazarme al litoral del país como un chamarilero ambulante.
Aparece aquí una joven que me había prestado particular atención en la oficina en la que empeño mis horas y que me invita a acompañarla nada menos que a Cádiz, a escuchar música durante tres días. Una muchacha comprometida con su tiempo que se empecina en sacarme a bailar, en llevarme a ver películas de países remotos, en enviarme canciones extrañas a mi cuenta personal de correo electrónico.
Llámenme Romeo si quieren, pero la idea de establecer vínculo emocional con tal mujer me hizo sentirme mareado y casi llegué a pensar que podría alocarme un poco. Nunca concebí que los pálpitos del corazón me moviesen a sumergirme en tal desvarío. Ahí los veía yo, felices, yendo en procesión de un escenario a otro, moviendo sus cabezas acompasadamente como reses embobadas, transportados a un universo psicodélico para chalados. Ni los ritmos, ni las estridencias distorsionadas, ni siquiera el entusiasmo que algunos intentaban transmitir me llegaban de modo alguno. Por la noche, entre los muros históricos de un monasterio ciertamente hermoso, seguían bailando con frenesí y entonando canciones que yo no soy capaz de aprehender. Cadencias infinitas interpretadas con discutible habilidad. Un horror.
La joven me despidió a mitad de un concierto, aludiendo a mi falta de espíritu, a mi olor a ropa enmohecida, a mi seriedad exasperante e inquebrantable. Exhortado a irme, ella se volvió hacia la masa y volvió a enarbolar su sonrisa absorta y a contonearse como una poseída.
Qué humillante experiencia. Me quedaré en la ciudad la próxima vez.
Y sin embargo, todo el mundo parecía pasárselo bien. Los periódicos alababan la organización y la oferta musical y el entorno y la oportunidad de recuperar un espacio para el disfrute y el gozo. ¿Disfrute? ¿Gozo? La perdición, ¡por Dios! El mundo está loco.
(relato presentado al concurso organizado por Monkey Week - Gibson - Ruta 66)
lunes, abril 25, 2011
La Segunda Cruz de Dios
domingo, marzo 27, 2011
Pobres Diablos
lunes, febrero 28, 2011
Moralla
martes, enero 25, 2011
In Touch tol rato
martes, diciembre 14, 2010
Sopa de letras
miércoles, septiembre 22, 2010
Gombrowicz, La Forma y Yo
Hace poco leí "Ferdydurke", del polaco Witold Gombrowicz. Hay ocasiones en las que hago el esfuerzo por recordar las cosas que me pasan, y ese libro se mantuvo el rato suficiente en mi memoria como para germinar.
En resumen: es la historia de un treintañero que, tras una situación un tanto estrambótica, es tomado por un adolescente que se ausenta de la escuela y, ante el ímpetu inquebrantable de su mentor, se ve empujado sin descanso a tener que actuar como si, efectivamente, fuese un joven imberbe. Todas estas complicaciones, bastante cómicas a decir verdad, conducen al autor hacia un análisis acertadísimo acerca de conceptos que van más allá de la premisa de la novela. En particular, Gombrowicz reflexiona acerca de la forma: los convencionalismos que nos llevan a actuar de una manera o de otra, todo ese super ego que condiciona el modo en el que nos movemos por el mundo, la pose y lo que se espera de nosotros.
Ya dije el mes pasado que necesitaba unas vacaciones. Gratificantes en general, pues me he sentido inequívocamente libre, haciendo lo que quería, cuando lo deseaba y sin nadie que me conociese alrededor, para decirme la estás cagando, chaval, o qué bien lo estás haciendo.
Después de vagar de una manera algo caótica por el extranjero durante semanas, volver a tu hogar, donde a pequeña escala uno también es libre, se disfruta. Pero toda esta libertad se ve coartada por el retorno al trabajo, donde ha aparecido, de nuevo, La Forma. Y de vuelta otra vez a forzar el gesto, a perseguir el éxito, a cumplir con las maneras… No seré cínico, esas vacaciones tan reveladoras las ha pagado la obra de teatro que me veo obligado a representar cada mañana.
O sea, que tanto encorsetamiento es lo único que me permite no sufrirlo por escuetos periodos de tiempo. Es como si uno tuviese que cometer un delito, para acabar encerrado, sólo con la intención de saber cómo es la libertad. Ay madre. Qué crisis.
miércoles, agosto 25, 2010
Catástrofe Emocional Barata
miércoles, junio 23, 2010
José Saramago. Un amigo.
miércoles, abril 28, 2010
Las Mierdas Voladoras
martes, abril 27, 2010
La Gresca Imparable
La única isla donde se descansa es el hogar, donde uno se reencuentra con la realidad, la calma y las cosas más o menos cocinadas con la receta que más agrada. Y eso si se es capaz de huir del murmullo televisivo, donde sigue el griterío. En general, parece que el motor del mundo es la discusión, un motor de muy bajo rendimiento, gastando energía para no mover nada. Las opiniones enquistadas cotizan alto y visten mejor que los trajes de Milano. Las conclusiones pactadas son los bonos basura de una actualidad sorda, ciega y tonta. La afición de moda por el discurso prefabricado e inalterable ha resultado en el fracaso de la sociedad ilustrada.
De manera que todo parece contagiado por el virus de la incomprensión. Y cuando tanto malestar se azuza desde la palestra política, cuando los que han de dar ejemplo todo lo ensucian y tergiversan, dejan la sensación de que el ser humano está condenado al Apocalipsis. Es así.
Un país en estado de catatonia, con políticos inútiles que se enzarzan en bullas infinitas, muertos que gritan desde sus tumbas, jueces que retuercen la ley para complacerse en venganzas personales, presidentes patronales endeudados, legisladores chorizos, trabajadores cabreados y jefes recelosos, todos clamando por su verdad particular. Cuarenta millones de opiniones no van a resultar en nada bueno. Y no es que yo pretenda predicar con el ejemplo. A mí me vale con pensar que quizás no lleve razón. No sé. De verdad. No lo sé. Pero si me equivoco no griten, que sólo me apetece un poco de silencio...
jueves, marzo 25, 2010
Semana Sátira
Y llega la Semana Santa. Este odioso y oscuro período del año que, imponiendo el lamento como consigna, llena las calles de cofrades plañideros, de procesiones siniestras y de estatuas macabras que dejan en ridículo el imaginario sangriento de George A. Romero.
Las cabalgatas fantasmagóricas que animan (o desaniman) las calles de España durante estos días nos recuerdan que no hay que olvidar la muerte de Jesucristo, notable personaje que murió por nuestros pecados. Bueno, tenía un gran poder de anticipación por el que le felicito en retrospectiva milenaria, pero por mí parte se podía haber ahorrado el martirio. En cualquier caso es de agradecer tanta generosidad. No obstante, hubo algo de trampa en esa muerte, un Gürtel evangélico. Después de la crucifixión y del tormento público, su padre, juez único del Tribunal Supremo, lo devolvió a la vida y lo mandó al eterno Disneyworld.


