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lunes, abril 25, 2011

La Segunda Cruz de Dios

La primavera, además de alergias y resfriados, del entusiasmo por las terrazas o de la inquietante agitación que provoca la frescura sugestiva de las mozas, trae consigo la tarea de aplicarse en la declaración de la renta.
Este año también ha coincidido la Semana Santa con la obligación del diezmo para paganos y píos. Vaya mezcla. Me entrego al cálculo del IRPF y ya me ando lamentando de no conocer más rezos, pues algo de fe en el Gran Chiste podría ganarme una reducción en lo que a pagar se refiere. Con recelo místico voy rellenando las casillas que detallan lo que he ganado, lo que tengo y lo que debo. No me importa pagar. Significa que al menos tengo un sueldo. Ya quisieran otros poder hacerlo.
Pero llegamos a la cruz, no la del Gólgota, sino la de la aportación a los de la sotana, y me enfurezco con más inquina por estar en plena vorágine cofrade. Ay. Me palpita la sien. Me pregunto yo a cuento de qué se me sugiere la posibilidad de arrearle parte de mis cuartos a esos jetas. En base a qué, en un estado aconfesional como el nuestro, tengo que contribuir a los miles de millones que ya se les sueltan por la puta cara. Cuando alguien marca esa cruz, elude el precepto cristiano de compartir con todos para entregárselo a los que siguen la proselitista voz de su amo. Ese dinero que le dan al clero se lo están quitando a los que no coincidimos con sus fantasías de más allá.
Qué oscuro poder ha de concitar la iglesia en un estado para que éste falte flagrantemente a su constitución. Siempre blandiendo la amenaza y recordando el castigo. Y cada año, además, salen a enseñarnos el rostro luctuoso y siniestro de Jesús. Si Dios hizo eso con su propio hijo, intentan decirnos, qué no hará contigo. Tanta sangre, tanta casquería y tanto lamento parecen querer recordarnos “pon tú la cruz, que siempre será mejor a que te la pongamos nosotros”. Nunca una cruz, o dos, fueron tan rentables.

lunes, febrero 18, 2008

Tridentino no es un chicle

Ha llegado la hora del rito tridentino ¿Y eso qué es? ¿No está usted informado? El ritual es la última moda en lo que a oficiar misas se refiere. En resumen, el señor Ratzinger cree que es más cool evangelizar de espaldas al credo, igual que hacía Jim Morrison en algunos conciertos, pero con vino en lugar de bourbon de garrafa. Los cánones del proceso son previos a la psicodelia, no mucho, sólo cuatro siglos, cuando aún no existía el wah-wah. Ahí está de nuevo la santa iglesia haciendo lo que se le da tan bien, volverse a la realidad y hablar en latín, para que nadie se entere.
Pero ya sea en latín, en polaco o en alemán éstos siempre hablan bien alto, tanto que quieren atrofiar los tímpanos ajenos para que sólo se oiga su propia voz. Lo que parece inadmisible, a estas alturas de la película, es que anden a trompicones por terrenos que no son los suyos y en los que fácilmente pueden tropezar con su propia sotana. Resulta aberrante para la razón que unos personajes que predican con un manual de instrucciones finalizado hace dos milenios intenten imponer con crispación guerrera unos patrones que están caducos ¿Por qué hablan de familia unos señores que por contrato no pueden formar una? No entiendo en qué se basan para formular tal concepto cuándo la familia de la que ellos más hablan estaba formada por una mujer que tuvo un hijo ilegítimo, de un padre que nunca apareció por casa y por un hijo incomprendido que acabó un tanto malogrado. Cuando el dogma de fe entra en conflicto con la realidad hay que hacer balance. Es mucho más tangible el pulso de la razón que la luz divina. Recójanse a sus claustros que el discurso aburre. El que busque consuelo, que acuda a su cobijo. Yo quiero pecar a gusto, porque no me creo el cuento.